Él nunca había visto que su pasión por el
Barcelona y el fútbol fuera tan grande, sentía más intensa la emoción de ver a
su gran equipo jugar en semifinales de la Champions. Siempre lo había visto por
televisión, su emoción no se comparaba ni siquiera como cuando el Barcelona le
ganara al Real Madrid 5 a 0 en el 2010, estaba tan contento y el partido ni siquiera
empezaba. Pero para aguarle su fiesta, llegaba un Bayern Múnich muy sólido, que
a partir del minuto 49 con un gol de Robben fuese apagando poco a poco su
alegría, lo peor de todo fue la “traición” de Piqué cuando metió el autogol; su
última esperanza de empate se esfumó cuando en el 76 Müller anotara el tercero.
Se fue del estadio tan triste y decepcionado por su equipo que no quiso volver,
para él era tan vergonzoso que la primera vez que había ido a ver al Barcelona
jugar, perdiera, para él fue tan triste como cuando el Barça perdiera 11 a 1
ante el Real Madrid; así de grande era su pena.
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