Nací en un pueblo llamado Mompox, al sur de Bolívar, conocido por su arquitectura colonial y ser Patrimonio Cultural declarado por la Unesco. Sin embargo crecí otro pueblo, cercano a éste llamado Guamal, en el departamento del Magdalena y que no es tan popular como el primero, ni posee aquellas grandes casas coloniales, pero que allí residen la mayoría de las personas que hacen parte de mi vida y alberga todos los recuerdos de mi infancia. En este lugar, marcado por el abandono gubernamental y en un tiempo por la presencia de grupos paramilitares, viví hasta mis quince años.
Creo en Dios, él es mi principal motor y primer amor, aquel que dicen que nunca se olvida y está presente siempre, aún en tus otros amores.
Soy la mayor de tres hermanos (Felipe y Santiago), hija de una juez y un administrador público; si hiciera una jerarquía, ellos son las cuatro personas más importantes en mi vida y mi segundo amor. Junto a ellos crecí y viví los momentos más felices.
En mi madre encontré mi mayor pasión y hobby, el fútbol. Es poco común que un niño o niña sienta la influencia del fútbol a través de su madre y no de su padre, pero en mi caso así es; a mi padre no le gusta mucho el fútbol pero mi madre podría perfectamente ser comentarista de un partido y aunque ella al principio no le gustaba que yo lo jugara, al final viendo lo mucho que yo lo disfrutaba comenzó a apoyarme.
En mi padre descubrí el amor, la paciencia y el celo de un padre a su hija. Como todos los padres, fue quien estuvo celoso de quien gustaba de mí para que no me dejara “embaucar del primero que se cruzara”, me ayudó con su celo a despertar la “malicia indígena” a través de la frase “los hombres no son bobos, se hacen” y me dio los mejores consejos que un hijo podría recibir.
Con mis hermanos encontré la verdadera amistad, y se escapa una lágrima de mis ojos cuando recuerdo todos los momentos que pasé junto a ellos, jugando fútbol, cuidándolos e incluso peleando, cuando pienso en ellos detesto haber tenido que dejar mi casa y mi pueblo por estudiar, pero cuando llegan las vacaciones soy la persona más feliz.
Me gradué de Bachiller a los 15 años en un colegio de mi pueblo llamado Néstor Andrés Rangel, y a esa edad llegué a Barranquilla para estudiar Comunicación Social en la Universidad del Norte. Estando en Barranquilla se despertó aún más mi pasión por el fútbol, mi tercer amor. Ingresé a un equipo de fútbol femenino llamado Milán F.C.F. y a la selección de la universidad, haciendo que en mi carrera me oriente por la parte del periodismo deportivo.
El fútbol ha sido mi mayor pasión desde que era niña, me encanta, lo amo, soy madridista de corazón pero no me gusta el fútbol local, considero que es una pérdida de tiempo, apenas está en pañales y todo se mueve en torno a las “roscas” de Postobón y sus aliados. En el tiempo en que vi fútbol colombiano estaba enamorada del Junior de Barranquilla, pero como dicen por ahí: el amor es ciego, tiempo después mis ojos fueron abiertos y conocí el fútbol europeo, que irónicamente está lleno de jugadores latinoamericanos. Me enamoré de la magia de Dinho, Pirlo, Ibra, Cristiano y Kaka’ (Mi eterno amor, I’l bambini d’oro), odio al Barcelona y a Messi (pero sólo por ser culé, de hecho es un gran jugador). Aparte del Madrid, me encanta el Milán de Italia, el PSG de Francia, el Bayern de Alemania y el United de Inglaterra.
Mi mayor sueño sería llegar a ESPN o FOX SPORTS, ojalá Dios lea esto y lo incluya dentro los deseos que él quiera cumplirme, pero mientras eso sucede, terminaré mi carrera y no dejaré a mis amores porque para mí la vida consiste en Dios, familia y fútbol.
P.D.: Eso era gol de Yepes!!
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